viernes, 2 de enero de 2015

Se busca un faro

Se busca un faro
Se busca un faro que tenga castañas,
calientes, tapadas y con sal.
Que sepa el faro el punto de sal que requiere la piedra que soy,
con poca falta y con mucha blanquea.
Un faro al lado del mar,
capaz de recibir y acoger gaviotas
que traigan gritos, mierda e hijos,
sepan volar sin dejar huella
que se limpie.
La luz alta, única y también limpia.
“Mirando al mar, soñé
que estabas junto a mí”.
Las sorpresas están permitidas
joyas, otras aves o coral:
como el pintalabios, el colorete, los pendientes
y la ropa interior.
Cuando sople el levante
y las olas rompan
bajo el acantilado del faro
sepa templarlas,
que sea faro y sea madre
de olas y temporales.
Para el calor que disminuya la potencia
abra un par de ventanas
deje correr la brisa
y haga frío para que suba la luz
cierre las ventanas
y haga calor, literal.
Sin farero, ni inteligencia artificial,
prohibida la entrada a menores
camas siempre secas
incluso cuando llueva,
siempre secas y blancas color sal
y que huelan a suavizante y a tulipán o regaliz.
Cerradura para entrar,
puerta de emergencia para salir,
prohibido fumar.
Cuando la luz de la luna entre por las ventanas,
grandes y siempre de cara al mar,
que el blanco venza al azul marino
propio del mar en la noche
único de la costa.
No hay faros en pantanos,
y de haberlos, no los busco.
Busco un faro de mar, con experiencia
en grandes embarcaciones:
cruceros llenos de gente,
cargueros llenos de mercancía
petroleros con interiores valiosos...
Una bañera cerca de un ventanal
de cuerpo entero
para quitar problemas
con agua caliente, jabón y el mar.
Si alguien conoce un faro así
y no sabe que hacer con él
farero desesperado
busca faro abandonado.

Piedra blanca, caliza y cimiento.

1 comentario:

  1. ¿Sabes que soy un majara de los faros? Tal vez porque de pequeño a mi padre le ofrecieron vivir en el faro del puerto de Melilla, ese que está hecho con piedras talladas una a una del Gurugú, el mismo que vemos cuando entramos al puerto con su luz verde... Era una casa maravillosa... pero a mi madre le daba miedo estar allí tan solitarios y yo me debí quedar frustrado. En más de una ocasión he dicho que yo quiero un chalet que yo quería un faro... Y hoy leyéndote has descrito con tus palabras y tus versos el faro en el que yo quisiera vivir... eternamente con mi gente. Y tenerte de vecino ... jejejeje. Gracias por hacernos sentir cosas hermosas Pedro. Un gran abrazo, amigo.

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